Lo ocurrido anoche merece quedar escrito.
No solamente por la extraordinaria asistencia de vecinos —la mayor que se recuerde en la historia de Hacienda Las Misiones— sino porque quedó demostrado que cuando se toca el patrimonio, la tranquilidad y el futuro de una comunidad, los vecinos sí responden.
Y respondieron con una sola palabra:
NO.
No al salón de fiestas.
No al cambio de la vocación residencial.
No a convertir nuestra colonia en un centro permanente de eventos.
El récord que nadie esperaba
Nunca se había visto una reunión con tanta asistencia.
Paradójicamente, el mayor éxito de convocatoria del grupo administrador no fue para informar…
Fue para escuchar el rechazo casi unánime de los residentes.
Si buscaban respaldo, encontraron resistencia.
El discurso del «sí, pero no»
El encargado de conducir la reunión, César Luján, ofreció una exposición que podría resumirse en una sola frase:
«Quedar bien con todos… y convencer a nadie.»
Una y otra vez repitió las mismas ideas.
Una y otra vez habló de reglamentos.
Una y otra vez insistió en la palabra «condominio».
Pero mientras más repetía el libreto, más evidente resultaba que el verdadero problema jamás fue respondido.
Lupina Támez cambió la reunión en treinta segundos
Cuando tomó la palabra la vecina Lupina Támez ocurrió lo inevitable.
La discusión abandonó los discursos y aterrizó en el Derecho.
Con absoluta claridad preguntó:
¿Y el uso de suelo?
Silencio.
Porque el problema nunca fue el tamaño del salón.
Ni el color de las bardas.
Ni el diseño arquitectónico.
El problema tiene nombre y apellido:
USO DE SUELO RESIDENCIAL.
Y contra eso no existen discursos.
Ramón Zamora puso la estocada
El vecino Ramón Zamora fue todavía más directo.
Explicó que aquella reunión era, en realidad, innecesaria.
¿Por qué?
Porque el uso de suelo no se decide por aplausos.
Ni por votaciones.
Ni por presentaciones de PowerPoint.
Lo determina la ley.
Y la ley es clara.
Una colonia residencial no se convierte, por simple voluntad de unos cuantos, en un espacio para actividades comerciales.
Llegó el primer defensor del salón de fiestas… y llegó el primer abucheo
Después apareció el vecino Pancho López.
Conocido por todos por su cercanía con el Club de Golf.
Intentó justificar el proyecto diciendo que todos habíamos decidido vivir aquí porque existía un campo de golf.
La respuesta de los vecinos fue inmediata.
Un rechazo generalizado.
Porque nadie compró una casa pensando en convivir con un salón de fiestas para cientos o miles de invitados.
Compramos una vivienda en una comunidad residencial.
No un centro de convenciones.
Cuando los números no resistieron la primera fila
Después tomó la palabra Jorge Junco, empleado del Club de Golf.

Explicó que el proyecto sería únicamente para socios y habló de un aforo de aproximadamente 800 personas.
Todo iba relativamente bien…
…hasta que se levantó Daniel Méndez.
Con la tranquilidad de quien estuvo presente cuando el proyecto fue presentado originalmente.
Y recordó, con modo, tiempo y lugar, que la propuesta hablaba de:
- hasta 1,200 invitados;
- dos fiestas simultáneas;
- y utilización abierta al público.
Después de esa intervención…
el silencio habló más fuerte que cualquier explicación.
Entraron los defensores
Como si estuvieran esperando turno, aparecieron los O’Farrill.
Su postura fue defender que el Club podía construir bardas, casetas e instalaciones.
Pero nuevamente la respuesta de los vecinos fue inmediata.
Porque el debate nunca ha sido una barda.
El debate es otro.
Todos sabemos que actualmente se realizan fiestas.
Todos sabemos que el inmueble se renta.
Y todos sabemos que muchas de esas personas no son socios del Club de Golf.
Ésa es precisamente la preocupación.
El mantra de la noche
Mientras tanto, César Luján regresaba una y otra vez al mismo discurso.
Reglamentos.
Reglamentos.
Reglamentos.
Medios institucionales.
Medios institucionales.
Y, por supuesto…
«condominio»… «condominio»… «condominio».
Parecía un intento desesperado por controlar la narrativa.
Pero repetir una palabra muchas veces no cambia la realidad jurídica.
El eufemismo de la noche
Más adelante apareció el señor O’Farrill padre intentando rescatar el proyecto.
La nueva estrategia consistió en dejar de llamarlo «salón de fiestas» para bautizarlo como «salón de eventos».
El problema es que la reunión… ¡se estaba realizando precisamente en el salón de eventos que ya existe!
Cambiarle el nombre al proyecto no cambia su naturaleza.
Si tiene capacidad para cientos de personas, si generará tráfico, ruido y operación permanente, el problema no es semántico.
Es urbanístico.
La pregunta que nadie pudo responder
Hoy ya existen problemas de tráfico cuando hay eventos.
Ahora imaginemos el escenario completo.
Más de 70 nuevas familias están por mudarse.
Existen cerca de 300 terrenos que tarde o temprano serán construidos.
Y frente a esa realidad…
¿la solución consiste en atraer todavía más vehículos?
Pensar que construir bardas y abrir otra entrada resolverá el tráfico…
es como querer apagar un incendio echándole gasolina.
El verdadero problema no son las bardas.
El verdadero problema es seguir promoviendo eventos masivos que atraen personas ajenas a la comunidad.
La conclusión de la noche
Lo verdaderamente importante no fueron los discursos.
Fue observar quién defendía el proyecto.
De los principales defensores del salón de fiestas, tres ni siquiera residen en Hacienda Las Misiones.
Y el único residente que salió en su defensa mantiene una relación conocida con el Club de Golf.
Mientras tanto…
los que sí vivimos aquí,
los que sí criamos aquí a nuestras familias,
los que sí sufrimos el tráfico,
los que sí veremos afectada nuestra tranquilidad y nuestro patrimonio,
Hablamos con una sola voz.
Lo que viene
La reunión de anoche dejó un mensaje inequívoco.
Los vecinos no estamos discutiendo si un edificio será bonito o feo.
Estamos defendiendo algo mucho más importante.
La vocación residencial de Hacienda Las Misiones.
Si fuera necesario acudir a los tribunales para impedir un cambio ilegal del uso de suelo y proteger el patrimonio de cientos de familias, todo indica que la comunidad está preparada para hacerlo.
Porque anoche quedó claro algo que nadie podrá negar:
El uso de suelo no se negocia.
La tranquilidad de nuestras familias no se renta.
Y Hacienda Las Misiones no necesita un salón de fiestas; necesita que se respete la ley.
